Sentada en lo más profundo de mi corazón
descansaba la soberbia, tan vanidosa era ella,
sin que nadie la llamara, se paseaba sin razón
escondida, calmada y acertada, siempre bella.
Cruel y despiadada se apoderaba de mi sentir
cuando yo quería querer, ella no quería,
como una niña caprichosa, jugaba conmigo
dejaba que vaya a donde no debía ir.
Siempre hacia lo mismo, impulsiva mitómana
desequilibraba mi mente y me hacia temblar,
lloraba cuando por descuido volvía a mi vida
yo no se que tenía pero como deuda me seguía.
¡Ay bendita soberbia cuanto me has hecho sufrir!
tu torpe desdén se regocija con mi pesar,
quizá en momentos, me quisiste enamorar
pero al tormento de tu presencia, prefiero morir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario