No son ni azules, ni verdes, ni mieles
físicamente no alcanzan la perfección,
a cualquiera no les llamaría la atención
pero a mi, esos soles me enloquecen.
En mi corta vida, nunca vi algo así,
se han vuelto mi más grande tentación
la seducción en su máxima expresión
la vacilación de un pequeño frenesí.
La mejor parte sin duda me la llevo yo
son míos, esa mirada dorada es para mí,
ellos saben que mi alma es solo suya
una experiencia que antes no viví.
Si la vida me concediera un solo deseo
pediría que aquellas luces nunca se apagaran
que de ellos una lagrima triste, jamás derramara
para no verlos sufrir, daría lo poco que tengo.
Cuando me miran, yo no se si saltar de alegría
o perderme en el más profundo de los sueños,
siento que hay personas que me envidian
quién no quisiera tener la dicha de sus ojos.
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