domingo, 13 de julio de 2014

El precio de la vida

Mientras se hundía en sus pensamientos y reflexionaba sobre lo bueno y malo de la vida, lo que te impone o te obliga la sociedad, lo correcto e incorrecto según los parámetros del moralismo y de la ética, Susan escuchó el pequeño ruido del timbre que indicaba la hora de salida, un día más de clases, había terminado, mientras se levantaba pensaba en lo productivo de aquella mañana.
No tenia muchos amigos, ella consideraba a todos, conocidos, seres que pasaban por su vida, pero que sabía que no se quedarían, no confiaba en la gente, ya en una ocasión se aferro a alguien y termino muy lastimada.  Nunca se lo contó a nadie, era un secreto a voces pero con certeza, nadie lo sabia. De ella se decían muchas cosas, razón por la que prefería mantenerse al margen del pequeño circulo social universitario.
Mientras iba caminando por la calle, escuchaba música, siempre le gustaba escapar del ruido de los automóviles, el tráfico, gente gritando, niños jugando, nada le gusta, nada le parecía bien, para ella este mundo no era suyo, deseaba sentirse a gusto, expresarse a su manera, vestirse y hablar, sin que nadie la criticara o pensara que debía ir a un manicomio o esos centros donde "orientan y componen" a la gente. 
En fin, imaginando tantas tonterías, se había pasado de la cuadra en la que estaba su casa, así que le toco bajar por el río, creo que inconscientemente quería ir por allí, la naturaleza siempre le apasionó, todavía quería esa casita del árbol que su padre nunca construyó y esa bicicleta que su mamá le prometió.
No quería llegar a casa temprano, sabia que le tocaría lavar los platos, así que se sentó a jugar con un perrito que a la orilla encontró, no se consideraba asocial, pero si, selectiva, digamos que apartarse le mantenía a salvo. Pero aquel día marcaría la diferencia, Susan sabia que no podía huir, tenia una deuda pendiente que la vida, algún rato le cobraría, lo que no sabia, es que seria tan pronto.
Escucho ruidos entre los arboles, se asustó y se puso de pie aceleradamente, en ese instante, su corazón se enfrió, por primera vez, deseo vivir un poco más, para descubrir porque había nacido. Pero ya era tarde. desperdició su vida al tratar de evitar que la lastimaran, perdió la posibilidad de ser feliz y en ese momento se dio cuenta que vivir pensando en los demás nunca fue la solución. Su corazón se detuvo y el río llevó en su cauce el cuerpo de una complicada mujer.

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