domingo, 13 de julio de 2014

La suerte está echada

Lian era una muchacha muy extrovertida, alegre, inteligente, tenía una vida envidiable, cualquiera hubiera querido tener la mitad de lo que poseía.
Siempre le decían:
-¡Que suerte tienes!,
Afirmación a la que ella respondía diciendo;
-Yo no creo en la suerte, la vida me quiere ver bien.
Sonreía siempre coqueta.

Un día cualquiera cuando regresaba a casa, encontró en el piso un pequeño dije de collar, que decía:
"La mufa es para ti", sintió algo extraño pero continuó su camino y al llegar a casa se dio un buen baño y se durmió.

Al siguiente día comenzaron a sucederle cosas extrañas, todo le salía mal y empezó a pensar en que eso de que la mala suerte si existía. Recordó que tenía un amigo que sabía mucho sobre este tema, estaba tan desesperada que lo pensó dos veces antes de ir, pero terminó por decidirse.
-Lian, la chica de la suerte o debo decir mufa.
 Dijo, mientras sonreía sarcásticamente.
-Pluggi, necesito tu ayuda y es grave.
Estaba nerviosa y temblaba
-Sabía que en algún momento te tocaría, a todos nos pasa.

Empezó a contarle sobre el poder que tenía la vida para jugar con el destino de las persona, de cambiar su rumbo de un momento a otro.

-Para que exista equilibrio,a alguien tiene que irle mal, no todos podemos ser felices.
-Pluggi, háblame claro, no entiendo
-Mira, mientras tu reías, alguien lloraba, ahora es al contrario, no siempre te va a ir bien, el dije que encontraste algún día se ira de tu lado, sin que te des cuenta y tu mala racha habrá terminado, mientras tanto disfrútala.

Y así, Lian se sentó y decidió esperar a que la suerte algún día volviera a darle alegría a su vida.

El precio de la vida

Mientras se hundía en sus pensamientos y reflexionaba sobre lo bueno y malo de la vida, lo que te impone o te obliga la sociedad, lo correcto e incorrecto según los parámetros del moralismo y de la ética, Susan escuchó el pequeño ruido del timbre que indicaba la hora de salida, un día más de clases, había terminado, mientras se levantaba pensaba en lo productivo de aquella mañana.
No tenia muchos amigos, ella consideraba a todos, conocidos, seres que pasaban por su vida, pero que sabía que no se quedarían, no confiaba en la gente, ya en una ocasión se aferro a alguien y termino muy lastimada.  Nunca se lo contó a nadie, era un secreto a voces pero con certeza, nadie lo sabia. De ella se decían muchas cosas, razón por la que prefería mantenerse al margen del pequeño circulo social universitario.
Mientras iba caminando por la calle, escuchaba música, siempre le gustaba escapar del ruido de los automóviles, el tráfico, gente gritando, niños jugando, nada le gusta, nada le parecía bien, para ella este mundo no era suyo, deseaba sentirse a gusto, expresarse a su manera, vestirse y hablar, sin que nadie la criticara o pensara que debía ir a un manicomio o esos centros donde "orientan y componen" a la gente. 
En fin, imaginando tantas tonterías, se había pasado de la cuadra en la que estaba su casa, así que le toco bajar por el río, creo que inconscientemente quería ir por allí, la naturaleza siempre le apasionó, todavía quería esa casita del árbol que su padre nunca construyó y esa bicicleta que su mamá le prometió.
No quería llegar a casa temprano, sabia que le tocaría lavar los platos, así que se sentó a jugar con un perrito que a la orilla encontró, no se consideraba asocial, pero si, selectiva, digamos que apartarse le mantenía a salvo. Pero aquel día marcaría la diferencia, Susan sabia que no podía huir, tenia una deuda pendiente que la vida, algún rato le cobraría, lo que no sabia, es que seria tan pronto.
Escucho ruidos entre los arboles, se asustó y se puso de pie aceleradamente, en ese instante, su corazón se enfrió, por primera vez, deseo vivir un poco más, para descubrir porque había nacido. Pero ya era tarde. desperdició su vida al tratar de evitar que la lastimaran, perdió la posibilidad de ser feliz y en ese momento se dio cuenta que vivir pensando en los demás nunca fue la solución. Su corazón se detuvo y el río llevó en su cauce el cuerpo de una complicada mujer.

Esos ojos


No son ni azules, ni verdes, ni mieles
físicamente no alcanzan la perfección,
a cualquiera no les llamaría la atención
pero a mi, esos soles me enloquecen.

En mi corta vida, nunca vi algo así,
se han vuelto mi más grande tentación
la seducción en su máxima expresión
la vacilación de un pequeño frenesí.

La mejor parte sin duda me la llevo yo
son míos, esa mirada dorada es para mí,
ellos saben que mi alma es solo suya
una experiencia que antes no viví.

Si la vida me concediera un solo deseo
pediría que aquellas luces nunca se apagaran
que de ellos una lagrima triste, jamás derramara
para no verlos sufrir, daría lo poco que tengo.

Cuando me miran, yo no se si saltar de alegría
o perderme en el más profundo de los sueños,
siento que hay personas que me envidian
quién no quisiera tener la dicha de sus ojos.

Mi sombra, la soberbia


Sentada en lo más profundo de mi corazón
descansaba la soberbia, tan vanidosa era ella,
sin que nadie la llamara, se paseaba sin razón
escondida, calmada y acertada, siempre bella.

Cruel y despiadada se apoderaba de mi sentir
cuando yo quería querer, ella no quería,
como una niña caprichosa, jugaba conmigo
dejaba que vaya a donde no debía ir.

Siempre hacia lo mismo, impulsiva mitómana
desequilibraba mi mente y me hacia temblar,
lloraba cuando por descuido volvía a mi vida
yo no se que tenía pero como deuda me seguía.

¡Ay bendita soberbia cuanto me has hecho sufrir!
tu torpe desdén se regocija con mi pesar,
quizá en momentos, me quisiste enamorar
pero al tormento de tu presencia, prefiero morir.